Mi corazón no daba credito.
Parte de mis mejores momentos han sido junto esa persona, de hecho, aquellos que más he querido.
Ni en la primera cita, sentí ese nerviosísmo, ese cosquilleo de volver a ver a esa persona. No recuerdo haber vivido experiencia similar. Unas mariposas revoloteaban en mi interior, mientras yo revoloteaba la estación a la espera de su llegada.
Fue como en una película, mire al suelo y al alzar la vista, allí se encontraba, como siempre, como recordaba...
No fue tanto el tiempo que paso sin vernos, pero nada habia cambiado, bueno, algunas cosas... jamás llegarán a ser como antes.
Al entablar la conversación, todo cambio, era él, su voz, su persona, su comportamiento, su todo... pero, no. Le miraba a los ojos, esos ojos, aquellos que reflejan el alma de cada uno, y aquello que nunca puede engañar a nadie. Sí, como leeis, una persona puede ser muy hipócrito, un gesto, una voz, un regalo, pero no, una mirada no, eso es algo que no se puede falsificar, siempre y cuando la otra parte sepa apreciar su significado.
En esa mirada, ví a la persona que conocí en su momento, aquel que, quizás, imaginaciones mias, hubiera deseado abrazarme, mis ojos almenos, reflejaban eso. Pero no fue así, la conversación fue fluida, amena, normal. Como si de dos compañeros de trabajo se trataran que se reúnen al finalizar la jornada para comentar el dia laboral, asi fue, sin más.
En el fondo de mí, en el organo que me da la vida, y también me la quita, hubiera deseado ese abrazo, que quizás he anhelado, pero no, ni pudo ser, ni será, puesto que ese organo, aún, se está recuperando, y de no ser asi, hubiera perdido por completo la vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario